(Imatges diverses del mite patufetista recollides en el llibre mencionat)
Avui quan he mirat el blog m'he adonat que m'havien canviat el títol, el qual, com podeu copsar ha quedat traduït al castellà.
Jo, que no sóc precisament cap radical catalanista lluitadora, m'he quedat de pedra. Sembla que una associació secreta d'idees radicals, espanyolistes integradores, s'està dedicant a fer aquesta mena d'actes reivindicatius pel fet que a l'email he rebut el següent missatge:
En el marco de una acción en favor de la unidad lingüística estamos realizando actos destinados a traducir al castellano los títulos de blogs en catalán de una cierta solera y continuidad. De momento sólo hemos ido a por los títulos, seguro que nuestra traducción reivindicativa le hará meditar, al ver incrementadas sus visitas de forma exponencial al utilizar una lengua mayoritaria, sobre la necesidad de una reconversión muy conveniente a sus intereses. Es éste un acto pacífico y puntual, reversible, un toque de atención, le rogamos que medite a fondo sobre su sentido. También le aconsejamos cambiar el término 'buey' por 'toro' por razones que usted ya entenderá.
Asociación/a de huroneros/as informáticos/cas:
COPEROS COOPERATIVISTAS COHESIONADOS
De moment el blogger no em respon i no ho he pogut canviar, tot i que he enviat una carta als responsables del servei. La cosa és greu ja que no crec que la majoria d'aquests terroristes culturals del mitjà, de fet una minoria molt poc significativa, coneguin el profund significat de l'expressió La panxa del bou, lligada a la cultura ancestral i a la nostra rondallística pregona.
Copio aquest text en castellà, d'un estudi molt interessant sobre el mite d'en Patufet i el bou, escrit, precisament, per una persona de parla castellana, un bon amic a qui admiro molt, el professor emèrit de la Universitat de Salamanca Juan de Dios Tenorio López de la Vega i Argensola-Rododendro, un home dialogant, intel·ligent, respectat, Gran Cavaller del Cava Nostrat, Embaixador del Bull Negre d'Osona, Creu de Sant Jordi i Medalla de Jaume I, un dels pocs grans defensors castellans del retorn de tots els papers que mantenen per aquella seva ciutat de forma si més no dubtosa, per tal de mostrar de forma fefaent la meva bona voluntat i les meves ànsies conciliadores, esperant que aquest absurd gest no es repeteixi:
Uno de los mitos catalanes con profundas raíces en el alma universal de la literatura es el de Patufet, ese ser que como Jesucristo no nace de su madre biològica, sinó que es producto de la naturaleza, aunque de una naturaleza culturalizada, lo encuentran en un ejemplar de Bassica Olearacea de la variedad viridis, o sea, en un repollo o col. Su madre, preocupada Yerma lorquiana, de cuya relación matrimonial con su esposo la leyenda no nos dice nada, pero que suponemos convencional y satisfactoria aunque sin fruto, lo acepta, al igual que el padre, con gran alegría a pesar de su pequeñez, una pequeñez que nos remite a Pulgarcito y a tantos héroes de pocas dimensiones, incluso algunos de femeninos, ya que existe también una Pulgarcita en los temas legendarios europeos. El complejo del hombre bajito, con el cual se han relacionado muchos grandes hombres de la historia, incluso conocidos dictadores, entraría también en toda esa mitología de la pequeñez engrandecida.
Patufet, como Pinocho, resulta ser un personaje bastante despreocupado aunque se defiende en la vida a pesar de su corta estatura y ayuda a su familia. En la versión más popular incluso va a comprar sal a una tienda -un producto también mítico- hasta que al llevar un día la comida a su padre, a la huerta, una lluvia inesperada hace que se refugie en otro repollo, su claustro materno, cosa que propicia que un buey hambriento se lo trague. También Pinocho va a parar al vientre de la ballena, como el mismo profeta Jonás, en otro contexto, en este caso serio, incluso sagrado.
Los desesperados padres buscan a su hijo llamándolo a voz en grito, cosa que nos remite también a aquella famosa copla del 'niño perdido', andaluza, habitual en las secciones de discos solicitados de nuestra infancia:
Un domingo de piñata
un niñito se perdió
estando jugando en la calle
vestidito de coló.
Su madre desesperada
lo busca como una loca,
corre y grita de repente
y con su nombre en la boca
va preguntando a la gente:
"Por aquí no han visto un niño
con cinco años en fló,
tan blanco como el armiño
y el pelo rubio de sol"?
Es mi hijo, que se ha perdio
el alma la llevo rota
y el corazón sin latío
me va sangrando en la boca.
Finalmente, Patufet oye a sus padres y puede responderles desde la profunda barriga del buey, donde parece encontrarse a gusto, como podemos comprobar en los versos populares que explican esta escena central de la leyenda, convertida ya en una especie de estribillo popular:
-Patufet, on ets?
-A la panxa del bou, que no hi neva ni plou...
(Patufet, ¿dónde estás?/ en la barriga del buey, donde no nieva ni llueve).
El buey es un símbolo mitológico evidente y recurrente, la explicación del cual alargaría este artículo en exceso. Ante el toro, su alter ego, su Míster Hyde, viril y agresivo, el buey representa la paz, la tranquilidad, el trabajo, pero también la sumisión. Seducido por la col acaba por ser el ejecutor inocente del protagonista aunque éste, como tantos otros personajes legendarios, entre los cuales los siete cabritillos, no ha sido masticado ni digerido. Los padres de Patufet no harán daño al buey como la madre de los cabritillos, que no duda en abrir con unas tijeras su barriga, llenarla de piedras y coserla, sinó que en un estilo conciliador, muy propio del catalanismo pacifista y pactista, se contentarán con proporcionarle al animal mucha comida hasta producirle gases gástricos que culminaran en un inmenso y ruidoso pedo feliz que provoca la liberación del muchacho.
Este tema y el final del cuento nos remiten a una supuesta afición a la escatología por parte de cierto catalanismo popular, 'xaró', como se define la tendencia a la vulgaridad en la lengua de Llull i Espriu. Sin embargo el desprecio por el tema escatológico por parte de las élites obedece a los mismos prejuicios que ha experimentado el tema sexual a lo largo de la historia, a la no aceptación de determinadas necesidades humanas ligadas de forma profunda a la vida, a sus placeres y sus servitudes. Los mismos excrementos animales y humanos han sido, de forma tradicional y feliz, abono de la tierra, nueva vida, aunque nuestra miope sociedad moderna quiera olvidar la realidad. Reciclaje positivo despreciado.
Hoy, en nuestras sociedades, se tiende más a realzar aquello que nos separa por encima de aquello que nos une. La política hispánica ha sido muy injusta con todo lo que no obedecía al discurso oficial y de esta manera hemos perdido, quizás para siempre, las posibilidades de establecer una federación de naciones hispánicas hermanadas, unidas en un alma común que es, de hecho, el alma universal. Reivindico el patufetismo como sentimiento a recuperar a nivel peninsular, europeo, mundial, galáctico. Ese triunfo de la pequeñez, de la humildad, con coles, bueyes, pedos, sal y padres cultivando la huerta familiar. El triunfo cotidiano de la sencillez, de la bondad, dónde no hay lugar para muertes, príncipes, reyes, yernos de los reyes, envidias, sastres de políticos, machismo, incesto, madrastras perversas, amantes malévolas, brujas terribles ni batallas sangrientas en las cuales eliminar al enemigo que siempre es 'el otro'.
En el mito patufetístico se vence al buey dándole de comer. En el fondo, el animal no quería comerse al protagonista, lo hizo de forma inconsciente, porque tenía hambre, no es más que un trabajador familiar más, probablemente explotado por necesidad por ese padre campesino, símbolo de una sociedad que mantiene sus tradiciones y sus recursos económicos con constancia poética.
Patufet se encuentra a gusto en la oscura barriga del buey pero deberá salir, crecer, enfrentarse a una realidad difícil, a la vida. Su salida del animal será producto de un nuevo parto, un parto alternativo, distinto, poco convencional, absolutamente terrenal y efectivo, ruidoso, quizá maloliente. Patufet es, parece ser, una evolución de una palabra de algún lenguaje prerromano con vínculos con antiguas lenguas egipcias, posiblemente procede de Petz-ok-feth, 'el que vive por sí mismo'.
Este breve artículo no es más que una primera aproximación al mito de Patufet y a sus interpretaciones. Para profundizar en él les recomiendo mi libro 'El patufetismo filosófico como solución política y cultural a la crisis europea. Aproximación al alma humana universal a partir de un héroe humilde de la tradición literaria popular catalana', Ediciones libertarias pueblosequinas y paralelas, Barcelona, 2011, muy aconsejable para regalar a adultos con curiosidad intelectual, en estas fiestas. Lo he dedicado a mi buena amiga J.C.C. que en su conocido blog de opinión se acerca a la realidad y al análisis del pasado desde la visión local y universal al mismo tiempo que reivindico, des de ese patufetismo profundo y aparentemente banal, pero de una profundidad extraordinaria, que por ese motivo lo tituló desde el principio 'La Panxa del Bou'. Toda una declaración de intenciones.
Juan de Dios Tenorio López de la Vega i Argensola-Rododendro
(catedrático emérito, doctor en filosofia, antropologia e historia de la tradición popular).